La necesidad del liderazgo adleriano

La teoría adleriana proporciona una razón válida y poderosa para mejorar las habilidades interpersonales de una persona como parte del desarrollo de un liderazgo más democrático: Mejorar nuestra capacidad de alentar a las demás personas a sentirse conectadas, capaces, valoradas y resilientes para satisfacer su necesidad de pertenencia y significado. Antes de profundizar en los principios adlerianos claves que constituyen dicho liderazgo, necesitamos entender por qué este enfoque de liderazgo es importante.

Alfred Adler nos dice que la comunidad humana establece para todas las personas tres tareas de la vida centrales para la salud y el bienestar: amistad, amor y trabajo. La amistad es la esfera de nuestras relaciones sociales, mientras que el amor consiste en establecer una conexión íntima con una persona. Por otro lado, el trabajo es la forma más amplia de contribuir a nuestra comunidad. (Al hablar del trabajo, nos referimos a toda actividad con un enfoque concreto a través del cual aportamos valor a la comunidad. Por lo tanto, la crianza de nuestros hijos y otros trabajos no remunerados—el voluntariado, por ejemplo—forman parte de esta responsabilidad.)

De todas las tareas, el trabajo suele tener un impacto más extenso no solamente por el tiempo, las habilidades y el esfuerzo que se requieren para cumplir con la tarea de contribución comunitaria que a su vez nos permite cubrir nuestras necesidades básicas, sino que también porque nos brinda la posibilidad de abordar las otras dos tareas simultáneamente. Y aunque el liderazgo está implicado en cada área de la vida de una persona, el liderazgo (auto-liderazgo) es crucial en el contexto del trabajo porque es allí donde nos relacionamos con personas con quienes podemos tener poco en común—aparte de querer cumplir con la tarea laboral—lo cual requiere nuestras habilidades interpersonales.

Las investigaciones llevadas a cabo durante las últimas décadas muestran que si una persona en el trabajo no experimenta la conexión humana, no logra ejercer su capacidad de autodeterminación y no recibe el mismo trato que los demás (igualdad social), esto solo puede conducir a un comportamiento socialmente inútil. En este contexto, el desaliento puede invitar a la persona a sentirse desconectada del trabajo a realizar, de verse involucrada en constante luchas de poder, de tener un enfoque de rivalidad y competencia en vez de contribuir a los objetivos colectivos, de aislarse de los demás, y de cometer sabotaje corporativo.

Por todo lo anterior, los comportamientos sociales que derivan de un liderazgo adleriano automáticamente fomentan el sentimiento de comunidad, el empoderamiento y la motivación para así cubrir las necesidades fundamentales de las personas. Esta comprensión, por lo tanto, nos permite entender por qué la psicología adleriana es el marco conceptual más eficaz para aumentar la efectividad interpersonal y desarrollar un estilo de liderazgo consciente, transformacional y democrático.

La practica de un liderazgo adleriano no es de beneficio solo para el individuo o un colectivo de personas, sino que también es beneficioso para las empresas y otras organizaciones que desean tener un impacto positivo en el mundo sin tener que renunciar a la productividad, el éxito y el beneficio económico. Dado los tiempos en que vivimos el día del hoy y los retos por venir que necesitaremos abordar de forma colectiva, esta es la única formula «win-win» para el beneficio de todas y todos: desarrollar el liderazgo adleriano dentro y fuera de las organizaciones. Nada más y nada menos.